Era un estilo extravagante y andrógino, con gusto por las lentejuelas, los leotardos ajustados, los monos estampados y las botas de plataforma, así como cortes de pelo tipo mullet y abundante uso de pintura corporal. En el Londres de los 1960 se popularizaron las boutiques para la venta de ropa, hasta entonces centralizada especialmente en los grandes almacenes, enfocadas sobre todo a un público juvenil. La amplitud de la falda se conseguía con enaguas armadas con crin, hasta que en 1856 surgió la crinolina, una nueva versión del miriñaque, formada por aros de acero forrados de tela, sujetos a la cintura con cintas.






El tejido se centró en el lino, tanto en el vestido como en tapices y alfombras. De igual manera, la fotografía ayudó a difundir las modas y crear tendencia, gracias a la labor de fotógrafos como Edward Steichen, Horst P. Horst, Richard Avedon, Irving Penn, David Bailey, Helmut Newton, Mario Testino y otros. Los egipcios también trabajaron el cuero, como se denota en las sandalias de Tutankamón, de cuero verde con hojas de oro, chaqueta del barcelona y en la tienda fúnebre de la reina Isimjeb (dinastía XXI).








